Situado en una de las zonas más bonitas de Madrid, a mi juicio, la más bonita; el Teatro Real preside la Plaza de Oriente. El Palacio Real en frente le proporciona un aire distinguido, un espíritu elegante que rememorá aquellos años en los que la aristocracia acudía en coche de caballos al nuevo estreno de la ópera.
Desde su gran balcón se ve El Escorial, y gran parte de la villa madrileña. Será el lugar indicado para una gran acústica gracias a los canales de agua que se pasean por el subsuelo.
¿Por qué hablo de él?
Porque se lo merece, ¿necesitais más razones?
Las visitas guiadas son una maravilla, sobre todo si consigues un pase VIP para dos personas, un privilegio que yo he disfrutado.
Lo más destacable, además de los múltiples salones y el recibidor que para los amantes de la historia de las monarquías es indispensable, me centré en la Sala Principal, el teatro en sí.
¡Es una maravilla!
Impresiona ver un lugar tan mítico vacío, sin músicos, ni cantantes, sin público, solo unos pocos afortunados hipnotizados por la lámpara de araña llena de leyendas (falsas, por cierto) que ilumina la imaginación. El cortafuegos nos impide ver el fondo del escenario, pero no pasa nada, el foso de los músicos nos permite vislumbrar cuantos artistas líricos han pasado por estas tablas.
El palco presidencial, el palco real preside los asientos del público. Aunque no sea muy utilizado, ya que la Reina prefiere escuchar los conciertos desde un palco, es de vital importancia, no se puede tocar, modificar ni reestructurar ya que la acústica de este Teatro es perfecta por su estructura, cualquier mínimo cambio podría romper el sueño.
Un gran lugar para vivir, un gran lugar para sentir. Un lugar para entender la magia de la música.
sábado, 22 de noviembre de 2008
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